lunes, 26 de mayo de 2014

¿Qué hacer ahora con Colombia?

A la luz de los resultados de las elecciones del pasado domingo, Colombia se enfrenta a una decisión con unas consecuencias inmediatas más obvias y numerosas que aquellas a las cuales el público está acostumbrado. Lo que más resalta es la decisión de continuar o interrumpir los diálogos de paz en La Habana.
Yo concuerdo con quienes dijeron al comienzo de los diálogos de paz que, tras medio siglo de guerra, se requiere más valor para hacer la paz que para seguir peleando.

Quienes defienden la posición más conservadora y derechista esgrimen dos argumentos: que históricamente los diálogos de paz han sido fallidos; que en tanto las hostilidades no cesen por parte de la guerrilla no se pueden sostener las conversaciones. Estos son obstáculos que independientemente presentan sus propios desafíos. En primera instancia, al pensar en diálogos de paz con la guerrilla la mayoría de colombianos recordamos los adelantados en el gobierno Pastrana, cuando este accedió a desmilitarizar una zona del país como condición para las conversaciones. A todas luces esto resultó ser un error político y estratégico, si bien para la guerrilla fue un logro asombroso en los mismos campos. En su momento el gobierno intentó capitalizar este proceso todo cuanto pudo, mostrando fotos del presidente Pastrana con “Tirofijo”, el histórico líder máximo de las FARC. Pero cuando las actividades de fortificación y reagrupamiento de la guerrilla dentro de esta zona desmilitarizada salieron a la luz pública, el gobierno se vio obligado a suspender las conversaciones y lanzar un ataque aéreo. Esto sucedió hace menos de treinta años, lo que facilita que muchos de los votantes lo recuerden claramente, y sientan desconfianza frente a un nuevo proceso de paz.
El problema que esto supone es que estos votantes desconfiados del proceso de paz no cambiarán fácilmente su forma de pensar, pues en su mayoría son los mismos votantes que aprendieron a votar de forma disciplinada, sin meditar profundamente en las implicaciones de su voto ni en la potencial gobernabilidad del candidato favorecido con su voto. Muchos votan por alguien a quien han conocido por largo tiempo pública o privadamente, o con quien comparten una afinidad religiosa, o tristemente, quien mejor apariencia física tiene. Hago aquí una pausa para enfatizar un factor adicional que, a mi modo de ver, afectó grandemente los resultados del pasado domingo: el machismo imperante en le sociedad latinoamericana. Específicamente me refiero a las actitudes y las reacciones públicas del candidato de derecha, Oscar Iván Zuluaga, que se asemejan en su intensidad y frecuencia a las del expresidente Álvaro Uribe Vélez. A los ojos de los votantes de tradición, los votantes de disciplina, un líder efectivo no es quien se muestre cercano o sensible ante las necesidades de su gente; antes bien, lo es quien exhiba poderío y superioridad. Traducido a la realidad política que Colombia ha experimentado en años recientes, los votantes de disciplina buscan seguir a quien alce la voz, quien eventualmente profiera maldiciones dirigidas a sus detractores, quien rompa relaciones diplomáticas en medio de la ira, quien golpee la mesa, etc. El candidato Zuluaga ha mostrado estas mismas actitudes, lo que, creo yo, logró ganarle algunos votos de los sectores más conservadores. Sin embargo, la política ya no se hace así.
Algo que yo, como estudiante y amante de la historia, encuentro muy ofensivo es que estos votantes de disciplina y tradición citan ejemplos tomados de la historia para justificar su actuar. Por ejemplo, hay quienes cita la política espartana, donde a quien presentaba una propuesta públicamente ante sus iguales se le ataba una soga alrededor del cuello, la cual tenía la función de ahorcarle si su propuesta resultaba rechazada. Todo esto después de haber ganado el derecho a hablar ante todos habiendo gritado más fuerte que todos los demás. Nuestra sociedad ya no funciona de ese modo. Nosotros hemos construido nuestro actuar político y social sobre bases diferentes, y en ese sentido no es acertado citar este ejemplo histórico, aunque verídico, para explicar el presente. La historia debe estudiarse en su contexto, y debe juzgarse de acuerdo con las circunstancias que la moldearon, sin pretender que todo deba ser siempre igual. Las circunstancias cambian, y con ella debemos cambiar los seres humanos que nos preciamos de ser inteligentes, lo cual etimológicamente implica que somos capaces de adaptarnos a condiciones cambiantes.
No niego que la historia se repita, pero sí digo que lo hace porque no aprendemos de ella lo que debemos aprender: los errores cometidos.

Ahora bien, en cuanto al segundo argumento la situación podría entenderse mucho más sombría y compleja. Colombia ha sufrido ya medio siglo de un conflicto que ha dejado demasiada destrucción y desolación, no solo física sino psicológica y emocional también en cada colombiano. Los más conservadores sostienen que la única solución es la militar, el mismo enfoque que ha demostrado no tener resultados duraderos. Confieso en algún momento haber estado de acuerdo con esto, pero hoy rectifico mi opinión y reitero lo dicho arriba: que ahora, tras tantos años, es más fácil continuar con el modelo actual, en lo tocante al ordenamiento social y económico, que arriesgarse a cambiar y trabajar para que un nuevo modelo funcione.
Aquí se presenta el problema más grande, y es que generalmente los seres humanos esperamos resultados inmediatos. Traducido a nuestra realidad, queremos que el conflicto termine ahora mismo, sin más. Pero eso ignora parte de las víctimas, a saber los combatientes insurgentes. Es absurdo pensar que tras medio siglo las mismas personas quienes iniciaron el conflicto están aún combatiendo en todos los frentes de batalla. Habiendo pasado tanto tiempo, de necesidad hay combatientes quienes no han conocido más que las filas de la insurrección y el combate armado. Hay muchos combatientes que no saben hacer más que eso, que no han tenido más opciones, y por ende no se les puede exigir que se desmovilicen sin tener de antemano una fuente de ingresos establecida para sí mismos y sus familias. No podemos, como sociedad civil (!) esperar que dejen las armas y se entreguen a morir. Ellos son víctimas también, junto con sus familias. Ellos deben ser considerados en cualquier negociación, y deben ser tenidos en cuenta en los esquemas de reparación. Lo anterior lo digo no solo en cuanto a los programas gubernamentales que impulsen estos hechos, sino que lo digo también por los miembros de la sociedad civil (!). Me arriesgo a decir aquí que quienes apoyan el curso de acción más conservador y tradicional son ciudadanos inmaduros, que no comprenden los conceptos de bien mayor y de futuro.
En cuanto a las alianzas políticas que necesariamente se darán en las próximas semanas en preparación para la segunda vuelta electoral, creo que sucederá lo siguiente:
  • El Partido Conservador se adherirá a la campaña de Oscar Iván Zuluaga.
  • La Alianza Verde se adherirá a la campaña de Juan Manuel Santos.
  • El Polo Democrático Alternativo no se adherirá a campaña alguna, sino que fiel a su ideología y filosofía, y cumpliendo el papel de balance y control político, hará oposición. Cabe aclarar que estoy completamente de acuerdo con esto.
En suma, invito a quienes lean esto a apoyar el proceso de paz actualmente en negociación. No recurriré a referencias religiosas sobre el perdón, pese a ser un hombre religioso y creyente entre mis amigos. Apelaré solamente a la idea de paz  en Colombia que todos los colombianos guardamos, algunos de nosotros por toda nuestra vida.

2 comentarios:

  1. Creo que no podría estar más de acuerdo contigo en esta publicación. Por fin estamos de acuerdo en algo en temas políticos. Excelente publicación. No sé si cabe aclarar que, a pesar de ser el Polo el partido de oposición más sólido en el país, la UP hizo la misma invitación que haces tu (votar por la paz) y Marcha Patriotica aun está por decidir su posición en la segunda vuelta

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    1. Agradezco tus palabras, compartiendo tu asombro por el inusitado acuerdo aquí encontrado.
      Sí cabe aclarar lo que dices, y espero que los militantes de esos partidos (Marcha Patriótica y la UP) estén de acuerdo con la opción más arriesgada.

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